11/05/2014 -
Número 547

Solo 1 de cada 4 nuevos empleos es de calidad

Ante el estancamiento en la producción, los empleos de baja calidad son el principal paliativo al que accede la gente frente a la insuficiente generación de empleos asalariados registrados en el sector privado. Esta es la consecuencia de instituciones laborales rudimentarias que basan la protección del trabajador en la agudización de los castigos a los empleadores y el abandono del rol del Estado en la construcción y administración de una efectiva red de protección social.

Los datos de la Encuesta de Indicadores Laboral (EIL) del Ministerio de Trabajo señalan que la creación de empleo asalariado privado registrado en el 1° trimestre del 2014 se estancó. Si bien para contar con información más precisa hay que esperar a que el INDEC publique las estadísticas de empleo que elabora en base a las declaraciones juradas de los empleadores privados ante la AFIP, para el pago de cargas sociales, la tendencia es muy sugerente. El estancamiento en el nivel de producción viene asociado con los problemas en el mercado de trabajo.       

A diferencia de lo que ocurre en los países avanzados, en Argentina la disminución en la creación de empleo formal por parte de las empresas no se traduce de manera proporcional en crecimiento del desempleo. Esto ocurre porque la falta de empleos de calidad induce a muchas personas a apelar a otros tipos de inserción. Estos son el empleo público redundante, los empleos asalariados privados no registrados y el cuentapropismo. Estas ocupaciones operan, en la mayoría de los casos, como medios precarios de subsistencia ante la falta de buenos empleos y de mecanismos de protección social.

Datos de la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC recientemente publicados permiten ilustrar cómo operó este proceso en la última década. Así, se observa que:

· Entre los años 2004 y 2008, se crearon 250 mil nuevos puestos de trabajo por año de los cuales la totalidad fueron empleos asalariados privados registrados.

· Entre los años 2008 y 2012 la creación de empleos se redujo a 140 mil puestos por año de los cuales solo la mitad fueron asalariados privados registrados.

· En el año 2013 se crearon 100 mil nuevos puestos de trabajo de los cuales apenas un cuarto fueron empleos asalariados privados registrados.

Estos datos muestran la forma en que ajusta el mercado de trabajo a los cambios de contexto. En la primera etapa, caracterizada por una fuerte licuación de costos laborales por la mega devaluación del año 2002, los empleos crecían con vigorosidad liderados por los empleos en relación de dependencia en empresas formales. En la segunda etapa, en un contexto de recuperación del salario real, el empleo crece menos y sólo la mitad son empleos en relación de dependencia privados registrados. En el año 2013, la creación de empleos profundiza su desaceleración y cae abruptamente en calidad. El empleo asalariado privado registrado aporta sólo 1 de cada 4 nuevos puestos de trabajo.

La poca generación de empleos de calidad se debe principalmente al vetusto diseño de la protección laboral en la Argentina. El empleo formal es penalizado con burocracia, litigiosidad y altos impuestos al trabajo. A su vez, a diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados, cuando las personas pierden el empleo quedan en situación de desamparo. Si bien existe en Argentina un seguro de desempleo, la estrategia oficial viene siendo desviar los recursos que pertenecen a ese subsistema de la seguridad social a otras finalidades. Esto se logra manteniendo arbitrariamente desactualizada la prestación a través de un tope de $400 mensuales. Ante la escasez de empleos de calidad y protección social, la gente busca vías alternativas de subsistencia, entre las más importantes la informalidad.

Con el aletargamiento en la producción, la obsolescencia de las instituciones laborales acelera la pérdida de dinamismo en la generación de empleos de calidad. En este contexto, resulta llamativo el desenfoque y la impertinencia de los temas que acaparan la agenda de políticas públicas. Como, por ejemplo, aumentar las sanciones por empleos no registrados o deficientemente registrados, tímidas y muy condicionadas reducciones de contribuciones patronales o la revisión de los mínimos no imponibles del impuesto a las ganancias. Pareciera que el sistema político no percibe la creciente “latinoamericanización” del mercado laboral argentino, donde unos pocos tiene acceso a un empleo de calidad (y sólo una élite es afectado por el impuesto a las ganancias) mientras que el resto es condenado a subsistir a través de empleos precarios.

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