Es difícil precisar las motivaciones y los valores que mueven al interés, la admiración y la posesión de un vehículo antiguo. Lo cierto es que se trata de un fenómeno que se manifiesta en muchas personas, en muchas localidades, grandes o pequeñas, y que llega al nivel de una pasión profundamente arraigada. Nostalgia, reconocimiento y compromiso con el pasado, o la herencia familiar, admiración por figuras emblemáticas, son seguramente factores influyentes. Pero es muy probable que, como ocurre con las obras de arte, la libertad esté detrás de estos valores. La libertad de admirar y poseer un poco de historia. Sólo de esa manera se puede explicar el compromiso, la dedicación y el entusiasmo de tanta gente, que dedica su tiempo y dinero a preservar un vehículo del pasado.
Exclusión social de los jóvenes: un problema que debe solucionarse de forma urgente
La proporción de jóvenes que no estudian ni trabajan es muy alta y la calidad de los empleos que obtienen los que trabajan es muy baja. Este fenómeno responde a varios factores causales, aunque entre éstos se destaca el inadecuado diseño de las políticas educativas y laborales. En los países que presentan los mejores indicadores de inserción laboral juvenil, un inteligente diseño institucional incentiva a los estudiantes para establecer vínculos con las empresas mientras cursan el nivel secundario, estimulando tanto la cultura del estudio como la del trabajo. A partir de estas experiencias, en este número de Empleo y Desarrollo social se discuten algunos lineamientos orientados a la instrumentación de políticas educativas y laborales para una mayor inclusión social de los jóvenes.
Entre los diferentes problemas que afectan la inclusión social de los jóvenes, los relacionados con la educación y el empleo representan uno de los más importantes desafíos para las políticas públicas. No sólo por sus preocupantes implicancias a corto y largo plazo, sino también porque en esta temprana etapa se definen cuestiones que determinan decisivamente las posibilidades de desarrollo y progreso para el resto de la vida. La exclusión de los jóvenes del sistema educativo y del mercado de trabajo produce enormes daños individuales y familiares, retroalimenta procesos de exclusión y abre las puertas a algunos comportamientos muy perjudiciales, como la drogadicción, el alcoholismo y la delincuencia.
Según los datos del INDEC, la tasa de empleo promedio del mercado laboral argentino en el 4° trimestre de 2009 era del 67% para los varones mayores de 14 años y del 43,5% para las mujeres. Pero entre los jóvenes de 15 a 29 años la tasa de empleo apenas alcanzaba el 50,7% para los varones y el 32,6% para las mujeres. Si bien en esta menor tasa de ocupación influye el hecho de que muchos jóvenes otorguen prioridad a sus estudios, las restricciones para encontrar empleo tienen una significativa incidencia. En este sentido, también es útil observar los diferenciales existentes en las tasas de desempleo: mientras que el nivel general de desempleo es un 8,4% de la población económicamente activa, entre los varones de 15 a 29 años alcanza al 13,5% y entre las mujeres al 18,8%. De todas formas, la tasa de desempleo refleja sólo una parte de los problemas laborales de los jóvenes.


