Informes Nacionales

12/07/2015 -
Número 608

El debate parlamentario es la oportunidad para corregir los defectos de la Asignación Universal por Hijo. Esto permitiría transformarla desde un programa asistencial tradicional, similar a lo que en su momento fue el Plan Jefes, a una herramienta de promoción social. Para eso es clave establecer mecanismos más modernos de monitoreo de los controles de salud y escolaridad, y premiar la incorporación de la madre al mercado laboral y los logros escolares.   

05/07/2015 -
Número 607

La crisis de Grecia induce a paralelismos con la Argentina del 2001. Pero para los argentinos más relevantes son los paralelismos con la situación actual. La acumulación de desequilibrios fiscales, atraso cambiario y distorsiones que erosionan la productividad son problemas similares a los que generaron la crisis griega. Tanto en Grecia como en la Argentina el cambio de estrategia es inevitable. Sólo queda por definir si se optará por el que genera los menores costos sociales.  

28/06/2015 -
Número 606

El uso de la cadena nacional con fines electorales o una vedette conduciendo un avión de la aerolínea estatal aparentan ser hechos anecdóticos. Pero reflejan que la violación de reglas se ha vuelto normal. Por eso la Argentina es poco atractiva para las inversiones, perdiendo oportunidades de generar empleos que permitan mejorar la situación social. Para revertir este proceso es fundamental crear y hacer cumplir reglas que impidan las arbitrariedades y el mal uso del Estado. 

21/06/2015 -
Número 605

Nunca hubo una presión impositiva tan elevada y tan concentrada en el gobierno nacional. Esta centralización impacta en la política, como lo prueba la forma en que se definió la mayoría de los candidatos para las próximas elecciones. La concentración de recursos y de poder en Buenos Aires resulta inconsistente con el régimen federal que contempla la Constitución y constituye el principal obstáculo para promover un proceso de desarrollo social sostenido y equilibrado. 

14/06/2015 -
Número 604

El plan Progresar subsidia a jóvenes entre 18 y 24 años con la condición de que estudien. Aunque la meta es loable, la rusticidad de su diseño lo degrada a un mero mecanismo generador de dependencia y cultura por la dádiva. Además de no focalizarse en los hogares más pobres para igualar oportunidades, tampoco incentiva los avances en educación e induce a la inactividad laboral. Sería muy positivo sustituirlo por un sistema moderno de becas de estudio y una política laboral que fomente el empleo juvenil.

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