Aún con los importantes logros en materia de crecimiento del empleo, el sector privado sigue teniendo una muy limitada capacidad para brindar puestos de trabajo de calidad. Por eso, la mayoría de los hogares vive directamente del Estado o de los ingresos generados en la informalidad que frecuentemente se complementan con programas asistenciales. Esta situación no se revierte con “sintonía fina” sino con una profunda modernización de las instituciones económicas y laborales, y una audaz reforma para profesionalizar al sector público.
Informes Nacionales
Los servicios que ofrece el Estado a la población dependen decisivamente de la calidad de la gestión de los recursos humanos. Comparado con el sector privado, el Estado argentino se caracteriza por salarios y demás condiciones laborales mucho más atractivas junto con criterios de selección y promoción mucho más discrecionales. Esto promueve la mediocridad y genera condiciones propicias para que los funcionarios usen el empleo público para distribuir favores electorales y personales. Para que el Estado sea un factor de desarrollo social es crucial cambiar esta realidad profesionalizando la gestión del empleo público.
La solvencia fiscal es condición necesaria para sostener un proceso de desarrollo social. Por eso es preocupante la actitud de las autoridades económicas de anunciar un supuesto superávit fiscal cuando la realidad es que se ha llegado a una situación en que, ni con las apropiaciones sobre la ANSES y el Banco Central, alcanza para financiar al sector público. Más allá de que la situación no sea explosiva en el corto plazo, es de alta prioridad mejorar la calidad en la gestión del Estado. Uno de los pasos esenciales e iniciales en este sentido es restablecer la seriedad en la difusión e interpretación de la información sobre las cuentas públicas.
Uno de los principales motores de la actividad económica es la fuerte demanda de Brasil. Coadyuvan a este proceso la integración económica y, fundamentalmente, la apreciación de la moneda brasileña. Sin embargo, por el vertiginoso ritmo al que suben los precios internos en Argentina, especialmente los costos laborales, esta ventaja está desapareciendo. En el año 2012, con pautas salariales del orden del 20%, los costos laborales argentinos medidos en reales brasileños superarán el promedio histórico. Este problema no se resuelve controlando importaciones sino sumando esfuerzos, públicos y privados, para elevar la productividad.
Se pretende justificar la política de multiplicar las restricciones sobre las importaciones con el argumento de que se protege la producción local. Se trata de una visión extremadamente cortoplacista y perniciosa. La experiencia internacional demuestra, con contundencia, que el progreso social está asociado a la generación de condiciones económicas internas que permitan producir en situaciones tan o más ventajosas que en el exterior. Esto no se logra con aislamiento económico sino facilitando la integración comercial con otros países.


