Las inundaciones son apenas un testimonio de las generalizadas y profundas carencias de infraestructura. Paradójicamente, estos déficits se sufren en un contexto inéditamente favorable ya que, como no ocurría en décadas, abundan en el mundo créditos a largo a plazo a tasas de interés muy bajas. Se derrocha la oportunidad de hacer una gran cantidad de obra pública debido a la conducta conflictiva en las relaciones financieras internacionales y a que el crédito público se distribuye con la misma discrecionalidad e intencionalidad de subordinación que las transferencias de los fondos no coparticipados.
Informes Nacionales
Las imágenes de la gente, en desesperación y soledad, tratando de paliar los daños de las inundaciones desnudaron un Estado ausente. Resulta muy paradójico, porque la consigna del “Estado presente” está en boca de casi toda la clase dirigente. La explicación es que se derrochan recursos públicos en áreas donde las soluciones privadas pueden funcionar correctamente, en desmedro de funciones donde la intervención estatal es insustituible. La falta de bienes públicos esenciales se manifestó en las inundaciones, pero también aparece cotidianamente en el deterioro de la educación y la salud pública, la seguridad y la justicia.
La Argentina ha alcanzado un récord de presión impositiva. La principal particularidad es que se basa en impuestos muy regresivos y distorsivos. Entre ellos, las cargas sociales que, al gravar los salarios, desalientan la creación de empleos formales. Los países más avanzados tienen niveles de presión tan o más altos que la Argentina, pero en todos los casos centran la recaudación en el IVA y el Impuesto a las Ganancias. Por eso, la solución no es sumar moratorias impositivas sino una reforma tributaria que apunte a sustituir los impuestos más regresivos y distorsivos, como las cargas sociales, por mayor recaudación de IVA y Ganancias.
La suba del dólar paralelo se origina en conductas especulativas potenciadas por la multiplicación de controles y prohibiciones. Pero también está motorizada por la profunda pérdida de competitividad que sufrió la economía argentina. Son problemas estructurales acumulados desde larga data y que se han intensificado en los últimos años. La crisis cambiaria es el resultado del deterioro en la capacidad competitiva del país originado en políticas públicas poco racionales impulsadas, más allá de los matices, por el amplio abanico de alineamientos políticos.
La inversión de recursos públicos para promover el acceso a servicios de agua y saneamiento tiene altos dividendos sociales. Esto no se está logrando con la enorme masa de subsidios que desde el Tesoro nacional se asigna a AySA. Por un lado, porque gran parte de estos recursos son usados para sostener el congelamiento de la tarifa a población con alto poder adquisitivo. Por el otro, porque la cobertura se limita a la Ciudad y el Gran Buenos Aires discriminando a los ciudadanos que viven en el interior del país.


